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Afecciones que tratamos Enfermedad de Parkinson Demencia

La demencia asociada a la enfermedad de Parkinson (DAP) se refiere a una afección en la que una persona que ha estado viviendo con la enfermedad de Parkinson (EP), un trastorno neurodegenerativo del movimiento, desarrolla problemas significativos de pensamiento, memoria y razonamiento que interfieren en su vida cotidiana.

En la EP, los primeros síntomas suelen estar relacionados con el movimiento (como temblores, rigidez o lentitud). Con el tiempo, en algunas personas (pero no en todas), la enfermedad avanza y aparecen y empeoran los cambios cognitivos. Cuando estos cambios son lo suficientemente graves como para constituir una demencia, se trata de una DPE.

Aunque el momento en que se desarrolla varía, las investigaciones sugieren que hasta aproximadamente el 50 % o más de las personas que han vivido con Parkinson durante más de 15 años desarrollarán demencia.

¿Qué causa la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson?

En la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson, los cambios cerebrales subyacentes incluyen la acumulación de depósitos proteicos anormales conocidos como cuerpos de Lewy (compuestos principalmente por la proteína alfa-sinucleína) en las células nerviosas. Estos cuerpos de Lewy alteran el funcionamiento normal de las células y contribuyen a la muerte de las neuronas. Estos cambios suelen comenzar en el tronco encefálico, principalmente en las regiones del cerebro responsables del movimiento, y luego progresan gradualmente hacia las áreas que controlan el pensamiento y la memoria.

El riesgo de demencia en la EP aumenta con ciertas características: por ejemplo, una edad más avanzada en el momento de la aparición, una mayor duración de la EP, problemas más pronunciados con el equilibrio y la marcha, y características motoras más graves.

Es importante señalar que, al igual que muchos trastornos neurodegenerativos, los investigadores no comprenden completamente la causa de la afección. No se cree que sea una afección hereditaria.

Síntomas comunes

Dado que el TDP se presenta junto con un trastorno del movimiento, los síntomas comunes suelen incluir tanto cambios motores como cognitivos. Los síntomas motores (derivados del Parkinson subyacente) incluyen:

  • Temblor (normalmente en reposo)
  • Rigidez muscular
  • Movimiento lento (bradicinesia)
  • Andar arrastrando los pies
  • Postura encorvada
  • Dificultad para iniciar el movimiento
  • Problemas de equilibrio y caídas

Los síntomas cognitivos pueden incluir:

  • Problemas con la atención, la planificación y la multitarea.
  • Pensamiento lento
  • Dificultades para recordar información.
  • Alucinaciones o percepciones visuales erróneas
  • Apatía, alteraciones del estado de ánimo (depresión, ansiedad) y fluctuaciones en el estado de alerta.

Los síntomas cognitivos suelen aparecer muchos años después de los primeros signos motores de la EP. Una vez que se desarrolla la demencia, el ritmo y el patrón pueden variar.

Cómo se diagnostica y trata el PDD

El diagnóstico del TDP implica varios pasos. Un neurólogo revisará el historial de los síntomas motores, el momento en que se produjeron los cambios cognitivos y realizará una evaluación neurológica y cognitiva. Un neuropsicólogo realizará pruebas cognitivas para comprender el patrón y la gravedad del deterioro. También se pueden utilizar estudios de imagen (como una resonancia magnética). En general, el diagnóstico de TDP se confirma cuando se desarrolla demencia en una persona con EP establecida, después de que los síntomas motores hayan estado presentes durante al menos un año.

Aunque no existe cura para el TDP, hay muchas intervenciones que ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Estos tratamientos pueden incluir:

  • Medicamentos, como ciertos inhibidores de la colinesterasa e inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).
  • Fisioterapia, terapia ocupacional y logopedia para ayudar con los problemas motores, la marcha y el equilibrio, y la comunicación.
  • La terapia cognitivo-conductual, también conocida como terapia conversacional, puede utilizarse para controlar los síntomas conductuales de la demencia.

Dada la naturaleza progresiva de la enfermedad, es importante, además de la atención médica, hablar sobre la planificación anticipada de la atención, los asuntos legales y financieros, y garantizar el acceso a los servicios de apoyo.

Apoyo a las familias y cuidadores

Cuidar a una persona con TGD implica lidiar con dificultades tanto motoras como cognitivas. Un enfoque multidisciplinario mejora los resultados tanto para la persona con TGD como para su cuidador. Algunas consideraciones clave para las familias incluyen:

  • Crear un entorno doméstico seguro puede ayudar con los problemas de movilidad y reducir el riesgo de caídas y confusión.
  • Crear rutinas consistentes, tareas simplificadas, señales visuales y auditivas, y estrategias de comunicación de apoyo para la persona que vive con la afección.
  • Abordar los cambios de comportamiento y estado de ánimo desde el principio

Si usted o un ser querido padece la enfermedad de Parkinson y nota nuevas dificultades para pensar, recordar o comportarse, considere la posibilidad de hablar con un profesional sanitario con experiencia en demencia sobre la posibilidad de que se trate de demencia asociada a la enfermedad de Parkinson. Una atención temprana y coordinada puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.

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