Imagina que estás delante de un armario repleto de treinta conjuntos diferentes y te piden que elijas uno, pero estás agotado, las palabras de las etiquetas no tienen mucho sentido y a tu cerebro le cuesta procesar los colores, las secuencias y el tiempo.
Lo que para nosotros parece un simple gesto de cortesía cotidiano: preguntar «¿Qué te gustaría ponerte hoy?»—, puede parecer un muro abrumador de ruido para alguien que padece demencia.
Cuando se produce un deterioro cognitivo, la función ejecutiva (la capacidad del cerebro para planificar, analizar opciones y tomar decisiones) es una de las primeras áreas afectadas. Las preguntas abiertas requieren que la persona recurra a su memoria, evalúe un sinfín de posibilidades y exprese una preferencia. Cuando ese proceso se ve alterado, el resultado suele ser frustración, aislamiento o agitación.
Afortunadamente, hay un sencillo cambio en la forma de comunicarse que puede reducir drásticamente el estrés para ambos: La regla de los dos.
Por qué funcionan las «decisiones más pequeñas»
El cuidado de una persona dependiente es un delicado ejercicio de equilibrio. Por un lado, quieres fomentar la independencia y la dignidad de tu ser querido, pero, por otro, también debes garantizar que las rutinas diarias se desarrollen sin problemas. Lograr ese equilibrio pasa por reducir la carga cognitiva.
Cuando reduces las opciones a solo dos, te libras del esfuerzo que supone recordar todo lo que hay. El cerebro ya no tiene que analizar un sinfín de posibilidades; simplemente tiene que comparar la opción A con la opción B.
Lo más importante es que este enfoque no les quita la voz, sino que la protege. Ofrecer dos opciones concretas preserva la autonomía y la libre expresión sin provocar fatiga a la hora de tomar decisiones.
Cómo incorporar la «regla de los dos» a tu rutina diaria
Puedes aplicar esta estrategia a casi todos los aspectos del cuidado de otras personas. A continuación te explicamos cómo sustituir las preguntas abiertas habituales por opciones binarias más sencillas:
1. Vestirse
- En lugar de: «¿Qué te quieres poner hoy?»
- Prueba esto: Muéstrale las dos opciones y pregúntale: «¿Te gustaría ponerte hoy el jersey azul o el cárdigan verde?»
2. Horario de comidas y tentempiés
- En lugar de: «¿Qué te apetece comer para almorzar?»
- Prueba esto: «¿Prefieres sopa o un sándwich de queso fundido?»
3. Ocio y actividades
- En lugar de: «¿Qué te apetece hacer esta tarde?»
- Prueba esto: «¿Damos un paseo corto o prefieres escuchar un poco de música?»
4. Comodidad diaria
- En lugar de: «¿Dónde quieres sentarte?»
- Prueba esto: «¿Prefieres el sillón junto a la ventana o ese sitio en el sofá?»
3 consejos rápidos para alcanzar el éxito
- Mostrar, no solo contar: Siempre que sea posible, acompaña tus palabras con señales visuales. Muestra las dos camisetas, señala las dos manzanas que hay para elegir o enseña los dos libros. Ver los objetos hace que procesar la información resulte aún más fácil que confiar únicamente en la memoria auditiva.
- Haz que ambas opciones sean aceptables: Ofrece solo opciones que estés dispuesto a cumplir. Si hace mucho frío fuera, no incluyas una camiseta de manga corta como una de las dos opciones.
- Acepta el «ninguna de las dos»: A veces, al reducir las opciones, se descubre que no quieren ninguna de las dos, ¡y no pasa nada! Aun así, les ha permitido expresar claramente su preferencia. Simplemente ofréceles otras dos opciones o pasa a otra actividad.
Pruébalo esta semana
El cambio se produce poco a poco, con cada pequeña interacción. Esta semana, elige una pregunta abierta que sueles hacer —ya sea sobre el desayuno, la ropa o las actividades de la tarde— y reformúlala como una simple elección entre dos opciones.
Presta atención a cómo reacciona tu ser querido. Te sorprenderá lo mucho más tranquila que resulta la mañana cuando las opciones son un poco más limitadas.
